| Apiterapia y Cancer
NoticiasApicolas.com (16 de
Enero de 2010) Hablar de cáncer y
tratamientos, es un tema bastante delicado en el cual entran a jugar las
propias ideologías. Es bueno tratar de conocer algo del tema antes de
intentar arreglarlo. Sin estar correctamente definido, el tema cáncer, para
la medicina tiene como aceptado que es propio de la persona. Si a nadie le
cae de arriba y no se contagia, debemos pensar que cada uno lo genera. Otros
dirán que nacemos con nuestros cánceres y está en nuestra forma de vida (o
la que nos imponen), mantenerlos dormidos o despertarlos o incluso
engordarlos.
También hay
coincidencia en que esas células propias degeneran, pierden (o cambian
función) y tienen muy larga vida. Han perdido la apoptosis. Lo explico: Toda
célula tiene un “mecanismo” genético de suicidio programado. Este se activa
cuando envejece, degenera o pierde función, por ejemplo. Esto hace que la
célula cancerígena sea muy longeva, consuma energía y no produzca.
En los países
“civilizados”, a los que miramos con cierta envidia, el tratamiento del
cáncer (y de casi toda enfermedad) es pluridisciplinario. En estos lugares,
ante el diagnóstico inicial, lo primero que se hace es el apoyo psicológico.
Esto no es para que la persona asuma su destino o se vaya haciendo a la idea
de tratamientos mutilantes y perjudiciales. Esto obedece a que no se puede
despegar la enfermedad orgánica del aspecto emocional. Casi siempre hay
eventos desencadenantes o agravantes que pasan por el aspecto emocional; y
cuando no se los encuentra visibles, casi sin excepción, la persona enferma
lleva una lucha diaria, sea contra un ambiente social que le es
desfavorable, sea contra sucesos muy anteriores que nunca pudo superar, sea
por lo que quiere y no puede ser o sea (las más de las veces) por la
contradicción eterna que tenemos los humanos con el saber que somos
mortales, el miedo a esto y el lograr que el pequeño instante que llamamos
vida, se nos malogre. Quizás todo este bloque sea cuestionable o discutible
técnicamente, ya que aún no se miden las emociones; y la medicina
organicista desprecia lo que no puede medir. Esto no es importante para el
lector, ya que desde el punto de vista humano, todos sabemos de qué estoy
hablando. Mercancía a la que no se le puede poner precio.
Es cuestión de
sentido común, entender que el cáncer o el tumor no son la enfermedad. Si
esto fuera así, la cirugía solucionaría (o habría solucionado) la mayor
parte de los cánceres, al menos los operables. En general casi siempre se
opera, se dice que no quedó nada, que está todo bien, pero “por las dudas”
quimio y rayos. Y la realidad marca que en pocos años, no más de seis, el
proceso vuelve totalmente agravado, con diseminación en muchas partes del
cuerpo y un sombrío pronóstico no solo en cantidad, sino en calidad de vida.
En la década del 60, Iván Illich decía (con mucha aproximación) que los
dolores y el decaimiento de la persona no son propios de la enfermedad, sino
otra enfermedad paralela generada sobre todo por la quimioterapia y
secundariamente por los rayos. La persona enferma sabe de la difícil
decisión de dejar el tratamiento cuando hasta la última célula de su cuerpo
y el sufrimiento le dicen que es mejor que los mate la enfermedad.
También esto
podrá ser discutido por la medicina convencional, porque va en contra de sus
parámetros o de sus negocios, pero simplemente habría que hacer memoria y
recordar a algún enfermo que pasando por todos estos pasos no haya muerto
del mismo cáncer y de muy mala forma. Si se mostraran estadísticas reales de
la eficacia de estos tratamientos, se vería que son nulos. Es inaceptable el
argumento de que sin los tratamientos hubieran muerto antes o de peor
manera, ya que esto es una opinión sobre una realidad desconocida, y la
medicina oficial, alopática no se basa en opiniones sino en certezas. Vaya
contradicción la de ese sistema.
Retomando, si el
tumor no es la enfermedad, es obvio que el enfermo es el individuo todo, que
debemos mejorar su organismo y especialmente su sistema inmunitario, nunca
degradarlo con tratamientos destructivos. Es obvio que debemos preocuparnos
por su forma de vida y lo que le afecta, y finalmente, cuando el terreno es
propicio podemos o no ocuparnos del tumor.
Dr. Julio César Díaz
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